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¡BASTA DE MENTIRAS!
Desde
que el famoso virus de la gripe aviaria fuera detectado en Vietnam hace
ya nueve años no llegan a cien las víctimas mortales que
se achacan a
la enfermedad en todo el mundo a pesar de lo cual una bien orquestada
maquinaria de propaganda ha hecho creer a la población que hay
riesgo
de pandemia y que un producto llamado Tamiflu -cuyo principio
activo se extrae del anís estrellado- es la solución. Una
gigantesca
mentira que obedece a una estrategia comercial para hacer negocio a
costa del miedo. Hablar de una posible pandemia cuando el virus de la
gripe aviaria no se contagia ingiriendo carne de aves infectadas y
jamás se ha transmitido entre
humanos es una burla. Adjuntamos el Editorial
que acaba de aparecer en la revista Discovery DSALUD en la confianza de
que los datos que aporta despejará la mente a muchas personas.
Bastó
que Estados Unidos tocara la campana de alarma para que el mundo
temblara de miedo ante la perspectiva de una pandemia. A pesar de que
han transcurrido nueve años desde que el famoso virus de la
gripe aviar
fuera detectado en Vietnam y no llegan aún a cien las
víctimas
mortales. Una media pues de once fallecimientos al año...
¡en todo el
mundo! Un detalle insignificante que no impidió a George Bush
emprender su segunda
"guerra preventiva" en poco tiempo, esta vez para luchar contra otra
arma de destrucción masiva tan vaporosa como las "encontradas"
en Irak:
el virus H5N1. A fin de cuentas había hallado también una
poderosa
"arma preventiva", un antiviral llamado Tamiflu que comercializaba la
empresa suiza Roche y que en apenas unos días se
convirtió en
la gallina de los huevos de oro. De hecho, los ingresos por su venta
pasaron de 254 millones en el 2004 a más de 1.000 millones en el
2005.
Y su techo es imprevisible dada la grotesca reacción de los
gobiernos
occidentales con peticiones masivas del producto. La realidad, sin
embargo, es que la eficacia del Tamiflu es cuestionada por gran
parte de la comunidad científica. Muchos se preguntan
cómo se espera
que pueda servir ante un virus mutante cuando apenas alivia algunos
síntomas -y no siempre- de la gripe corriente. Obviamente la
respuesta
al protagonismo del Tamiflu en nuestras vidas no es
científica
sino puramente comercial.
El Tamiflu era hasta 1996 propiedad de Gilead Sciences Inc.
empresa que ese año vendió la patente a los laboratorios Roche.
¿Y saben quién era entonces su presidente? Pues el actual
Secretario de
Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld,
que aún hoy sigue siendo uno de sus principales accionistas.
¿Y
recuerdan que pasó el año pasado? Pues que en cuanto
empezó a hablarse
de la gripe aviar Gilead Sciences Inc quiso recuperar el Tamiflu
alegando que Roche
no hacía esfuerzos suficientes por fabricarlo y comercializarlo.
Y que
tenía "fuerza" para lograrlo lo demuestra que ambas empresas se
sentaron a "negociar" y acordaron en un tiempo récord constituir
dos
comités conjuntos, uno que se encargase de coordinar la
fabricación
mundial del fármaco y decidir sobre la autorización a
terceros para
fabricarlo y otro para coordinar la comercialización de las
ventas
estacionales en los mercados más importantes, incluido Estados
Unidos. Además Roche
pagó a Gilead Sciences Inc
unas regalías retroactivas por valor de 62,5 millones de
dólares. Y por
si fuera poco la empresa norteamericana se quedó con otros 18,2
millones de dólares extra por unas ventas superiores a las
contabilizadas entre 2001 y 2003. A lo que hay que añadir un
dato: Roche
se ha quedado con el 90% de la producción mundial de anís
estrellado,
árbol que crece fundamentalmente en China -aunque también
se encuentra
en Laos y Malasia- y que es la base del Tamiflu. El escenario,
qué duda cabe, estaba completo. Sólo había que
empezar a encontrar poco
a poco aves contagiadas con el virus en distintos países -un ave
aquí,
otro par más allá- para crear alarma mundial con la ayuda
de
científicos y políticos poco escrupulosos o de escasa
capacidad
intelectual y de los grandes medios de comunicación -que como
todo el
mundo sabe no se caracterizan precisamente por investigar lo que
publican o emiten-. ¿Y qué tiene que ver Donald Rumsfeld
en todo esto? Pues absolutamente nada. Según un comunicado
emitido el
pasado mes de octubre por el Pentágono el actual Secretario de
Estado
norteamericano no intervino en las decisiones que tomó el
Gobierno de
sus amigos Bush -el presidente- y Cheney -el vicepresidente-
sobre las medidas preventivas que había que adoptar ante la
amenaza de
pandemia. El comunicado afirma que se abstuvo, que no tuvo nada que ver
en la decisión de la Administración estadounidense de
apoyar y
aconsejar el uso del Tamiflu a nivel mundial. Y nosotros le
creemos. Como cuando aseguró solemnemente que en Irak
había armas de
destrucción masiva. Además el hecho de que su nombre
aparezca unido a
una vacunación masiva contra una supuesta gripe del cerdo
durante la
Administración de Gerald Ford en la década de los
70 -que dio
como resultado más de 50 muertos a causa de los efectos
secundarios- no
es más que una coincidencia. Como lo es que la FDA aprobara el
aspartamo a los tres meses
de que Rumsfeld se incorporase al Gabinete de Ronald Reagan
a pesar de que tras diez años de estudios no se había
tomado ninguna
decisión. Sólo alguien muy mal pensado puede plantearse
que tuviera
algo que ver el hecho de que poco antes de incorporarse al Gobierno
norteamericano Rumsfeld fuera el presidente del laboratorio fabricante
del aspartamo. Y, por supuesto, tampoco tuvo nada que ver con la compra
tras el 11-S del Vistide, fármaco adquirido masivamente
por el
Pentágono para evitar los efectos secundarios que podía
producir la
vacuna de la viruela entre los soldados norteamericanos a los que se
les aplicó masivamente antes de enviarlos a Irak. Que el Vistide
fuera
también un producto de los laboratorios Gilead Sciences Inc,
creador del Tamiflu,
es otra coincidencia. Así que siga usted de cerca todas las
informaciones que aún van a darse sobre la gripe aviar y llene
su
botiquín casero de Tamiflu. Y si hay que comprar algo
más, se
compra. Faltaba
más. Les invito a leer el excelente artículo que Antonio
Muro publica
sobre ello en el próximo número de la revista.
José Antonio Campoy Director |